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25 octubre, 2010

La guerra entre el Chapo y el Viceroy

“El Chapo” vs. “El Viceroy”: municipio por municipio

Patricia Dávila (Proceso)

Patricia González Rodríguez, exprocuradora de Justicia de Chihuahua, en entrevista con Proceso disecciona las estructuras que los cárteles de Juárez y de Sinaloa formaron para disputarse el control de los principales puntos del estado, especialmente Ciudad Juárez. Durante los últimos tres años la violencia desatada por esas agrupaciones criminales alcanzó el máximo nivel y puso a esa ciudad como la más violenta del mundo, con 7 mil ejecuciones en poco más de dos años.
Ambos cárteles tienen fuerte presencia en el estado; en todos y cada uno de los municipios, uno u otro tiene el control. El de Sinaloa, explica la funcionaria, es el de mayor presencia.
Dirigido por Vicente Carrillo Fuentes El Viceroy, hasta 2007 tenía el control total de la entidad. A partir de ese año el cártel de Sinaloa, dirigido por Joaquín Guzmán Loera El Chapo, entra por Guadalupe y Calvo y Guachochi, en el sur, hasta apoderarse de Ascensión, Parral, Jiménez, Camargo y Delicias.
En el centro, Guzmán Loera se queda con el control de Benito Juárez y de Villa Ahumada, que es paso estratégico para el trasiego de drogas hacia cualquier punto fronterizo de Chihuahua, pues tiene más de 300 brechas que facilitan el traslado clandestino. Tras la detención de Pedro Sánchez, tercero al mando del cártel de Juárez, la zona quedó bajo control del cártel rival por conducto de José Antonio Torres Marrufo.
En el norte, luego de la detención de José Rodolfo Escajeda El Rikín, la mafia del Pacífico se posesiona de Guadalupe Distrito Bravo, Práxedis G. Guerrero y Ascensión, municipios fronterizos con Estados Unidos.
Mientras tanto la gente de El Viceroy se repliega hacia el occidente: Cuauhtémoc, Madera, San Buenaventura, Galeana, Nuevo Casa Grandes y Casas Grandes.
El cártel de Sinaloa pudo penetrar Ciudad Juárez pero no ha desplazado al grupo local, por lo que se mantiene esa disputa a muerte por la plaza. En la ciudad de Chihuahua hay presencia de ambas mafias, aunque ahí la violencia se contuvo.
El caso Juárez
De acuerdo con un diagnóstico elaborado por la Procuraduría que González Rodríguez encabezó hasta el pasado 4 de octubre, el cártel de Juárez, a través de su brazo armado La Línea, tiene actividades de narcomenudeo, tráfico de armas, lavado de dinero, robo de vehículos, secuestro, extorsión y ejecuciones.
Su estructura es la siguiente: bajo el mando de Vicente Carrillo Fuentes está José Luis Ledesma o Pablo Ríos Rodríguez, El JL, operador en el estado, quien maneja a Luis Guillermo Carrillo Rubio El Pariente, controlador de los sicarios de La Línea en las plazas de la entidad.
Los operadores en las principales ciudades y centros de distribución de drogas son: Juan Pablo Guijarro Fragoso El Mónico, en la capital; en Puerto Palomas, Ascensión, Nuevo Casas Grandes, Janos y Puerto San Luis está a cargo Carlos Vázquez Barragán El 20, detenido por la Policía Federal el pasado 25 de julio.
En Zaragoza, manda Aldo Nájera, mientras que en Gómez Farías, Nicolás Bravo y Madera opera Óscar García Celis El Gallo; en Ojinaga está El Chachitas, pero se sabe que la gente de El 20 también emplea esa plaza para enviar mariguana a Estados Unidos. En Guerrero César Olivas, El 6 o El Sexto, trabaja con un individuo apodado El Papalote o El Cantinflas.
En las comunidades de Namiquipa, El Terrero, Casas Coloradas, Cologachi, Soto Máynez y El Oso está a cargo Rafael Márquez. El Valle de Juárez lo controla Alfredo Mota Sandoval La Muerta, quien quedó al mando tras la detención de El Rikín Escajeda; en esta zona, bajo las órdenes de La Muerta, está Ricardo Cristóbal Flores El Zorro. Guachochi estaba a cargo de Nibardo Villalobos El Patas Cortas, actualmente preso.
Creel, Cuauhtémoc y Batopilas son operados por Hernán o Germán García Loya El Gaviota, quien tiene como lugarteniente a Misael Loya Caraveo. Delicias, Jiménez, Camargo, Parral y Balleza las trabajaba Evaristo Rentaría, quien ahora vive en Estados Unidos en calidad de testigo protegido de la DEA y el FBI.
Ciudad Juárez está a cargo de Juan Díaz, El Leopardo, El Rojo o El Canelo, quien cuenta con Antonio Acosta El Diego, El 10 o El Blablazo como jefe de sicarios y con El Makarfi como jefe de la distribución de drogas en los seis distritos de policía de la ciudad; a él lo ayudan El Mandis, El Casco o El Gordo.
Los operadores de las células de sicarios en los distritos de la policía de Ciudad Juárez (grupos de 10 matones que se caracterizan por “sanguinarios”. Sus edades van de 20 a 30 años y casi todos vienen de Sinaloa, algunos son expolicías o exmilitares. En Juárez al principal grupo de sicarios, Los Aztecas, los manda El 51 que está bajo las órdenes de El JL) operan bajo el control de El Diego, quien dirige personalmente la célula de Los Linces.
El Diego también comanda las seis células de las estaciones de policía de Ciudad Juárez. El jefe de cada célula tiene de cinco a ocho sicarios: Aldama es dirigida por El Santi, Babícora por El Oso, Cuauhtémoc por El Junior, Delicias por Iván Contreras Keico y Chihuahua por El Checo.
El 90% de los integrantes del cártel de Juárez se dedica al narcomenudeo, y el resto, al tráfico de estupefacientes a Estados Unidos; la organización, además, cobra por “derecho de piso” 25% de las ganancias de la droga que otras organizaciones pasan al otro lado de la frontera.
Sinaloa
A su vez los grupos y células del cártel de Sinaloa, que avanza tomando el control del estado, funcionan de manera similar. El líder en el estado es Noel Salgueiro Nevárez El Flaco Salgueiro.
Tienen grupos de sicarios, la Gente Nueva, en su mayoría originarios de Sinaloa, Michoacán y Guerrero encargados de eliminar a los integrantes del cártel local.
El principal operador en Chihuahua, El Señor Delgado, es subordinado directo de Salgueiro, quien antes contaba con Elizabeth Rodríguez Griego, La Doña, asesinada el pasado agosto y quien tenía a su mando dos células de sicarios integradas por exmilitares y vendedores de cocaína.
Los municipios de Ascensión, Puerto Palomas y Janos están a cargo de Mario Amaya El 11, en sustitución de Fernando Arámbula, preso en Estados Unidos. Desde El Porvenir hasta Ojinaga el control lo tiene El Gavilán. Nuevo Casas Grandes y Madera están a cargo de Daniel Leo Pérez El 16; en la ciudad de Parral trabaja El R-3, quien controla varias células de pistoleros que se desplazan a Cuauhtémoc, Delicias, Camargo y Ojinaga.
En Ciudad Juárez el operador principal es José Antonio Torres Marrufo, El Jaguar o El Último Terremoto; también trabaja ahí Mario Núñez Meza El Mayito o El M-10. El Valle de Juárez es controlado por Gabino Salas Valenciano El Ingeniero, quien radica en Durango y tiene bajo su mando dos células de sicarios, así como el control del trasiego de drogas a Estados Unidos. Torres Marrufo controla las pandillas de Los Mexicles y Los Artistas Asesinos (AA).
Según el diagnóstico elaborado por la Procuraduría, Torres Marrufo y Gabino Salas son los responsables del incremento de la violencia homicida y la inseguridad en Ciudad Juárez debido a la constante confrontación que mantienen con La Línea.
El cártel de Sinaloa se dedica en 90% al tráfico de drogas al extranjero y en 10% al narcomenudeo en Ciudad Juárez, principalmente la venta de estupefacientes en los ceresos estatal y municipal. Además obtiene recursos de los secuestros, robos, extorsiones, asaltos a comercios y bancos, ejecuciones, contrabando, piratería, tráfico de personas y de armas y falsificación.
La exprocuradora González también proporciona a Proceso la radiografía de la presencia y actividad delictiva de estos dos grupos en Ciudad Juárez:
El JL, quien dirige a Los Aztecas, tiene mayor presencia en las colonias Rancho Anapra, Ladrillera, Popular, Altavista, Barrio Alto, Centro, Azteca, División del Norte, Partido Romero y Barreal.
A través de Los Mexicles Guzmán Loera controla las colonias Nuevo México, Chavena, Juárez, Obrera y Pradera.
La función de Los Aztecas y de Los Mexicles es evitar la incursión de grupos antagónicos, vigilar los puntos de paso de droga a Estados Unidos, reclutar adeptos y controlar el narcomenudeo en los más de 6 mil picaderos distribuidos en la ciudad.