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16 noviembre, 2010

Jornaleros del Narco

A 500 pesos al día por cosechar marihuana contra 110 por pizca de cebolla
Jornaleros del narco en BC
Testimonios de campesinos que ante la crisis económica y la explotación en el campo mexicano, cayeron en los sembradíos del narcotráfico: “semanalmente los ‘enganchadores’ contratan, cada uno de ellos, a 30 jornaleros para trabajos de preparación de tierra, siembra, cosecha y cuidado de los llamados ‘cuadros’ (parcelas) de marihuana”. También les pagan 500 pesos al día por transportar los paquetes de marihuana, quince kilos de hierba a la espalda. Los jornaleros vienen de Oaxaca y de Guerrero mayoritariamente, y hacen trabajos que van de los seis a los diez días dependiendo del sembradío. 
En Baja California, en las cañadas de las sierras de San Pedro Mártir, y Juárez, cientos de jóvenes trabajan en el cultivo de marihuana.
Desempeñan la ilícita labor desde hace por lo menos ocho años y de manera ininterrumpida.
Llegaron desde ciudades y pueblos del sur donde la carestía dominaba su existencia y la de sus familias. Son jornaleros que pasaron de cosechar granos y vegetales en sus lugares de origen a cuidar, podar, pizcar y empaquetar marihuana en Baja California.
No tenían trabajo y ahora tienen un sueldo. No les importa que provenga del narcotráfico.
Pero llevan un riesgo. Algunos muchachos han desaparecido, los demás presumen que fueron muertos por los “patrones”. Torturados y tirados sus cuerpos en despoblado.
Justifican su trabajo con la paga. No hay de otra. O cultivan marihuana o se mueren de hambre. Los rancheros van y los contratan en el Valle de la Trinidad a razón de 500 pesos por día.
Ahí mismo, en el Valle de la Trinidad, ZETA platicó con al menos 20 trabajadores agrícolas migrantes, quienes contaron a detalle lo que han vivido y lo que les han contado sucede en los campos de cultivo del narcotráfico en ambas serranías, aparentemente bajo control de los cárteles de la droga de Sinaloa y de los Carrillo Fuentes.
Lugares como Leandro Valle, La Calentura, los Kiliwas, El Carrizo, Tepi, Valle Chico y El Borrego fueron ubicados por los campesinos como sitios donde hay actividad ilícita relacionada con la siembra de marihuana. También los caminos serranos y cañadas que bajan de la Sierra de San Pedro Mártir al valle costero de San Vicente, así como predios y terracerías que bajan de la Sierra de Juárez a los valles de Ojos Negros, de Guadalupe y El Sauzal en la costa ensenadense del Pacífico.
Temerosos de hablar al principio, los jornaleros revelaron que familiares suyos que trabajaban en campos de hortalizas en la región de La Trinidad, fueron “enganchados” por personas que trabajan en 10 ó 12 en ranchos agrícolas que, camuflados, operan en el valle como sembradores de hortalizas como tomate, cebolla, calabaza y chile.
Algunos de los hombres que fueron llamados a laborar en esas tierras, dijeron los informantes, no aparecen desde hace dos meses. Sus familiares y conocidos no quieren denunciar la desaparición por temor a ser identificados y asesinados por los sicarios de los traficantes de estupefacientes.
Es el caso de “Enrique”, un jornalero que trabaja 10 meses al año en diversos campos de cultivo del municipio de Ensenada. “Una noche nos llegó a la cuartería (lugar donde duermen los trabajadores agrícolas) una persona que dijo que venía de parte del patrón. Así nos soltó el jale:
‘¿Quién quiere ir a trabajar a la sierra? Les ofrezco 500 pesos diarios.
¡Vámonos! En una hora. Mañana. Ahorita si quieren. Es trabajo por cinco, siete días o más si quieren. ¿Cuántos quieren ir?’
“Cinco, todos jóvenes, le contestaron que sí, entre ellos mi primo (de 22 años).
“Le digo entonces al chamaco: ‘¡No te vayas, tú no conoces a esta gente!’. Me contestó: ‘Claro que me voy. ¡Es una feria que no saco en la cosecha de cebolla! (por la que le pagan dos salarios mínimos, es decir poco más de 110 pesos al día)’.
“Y por más que le insistí de todas maneras se arrancó y no lo veo desde hace dos mes. Ahora traigo mucha preocupación por él. No sé qué hacer. Si voy a acercarme a esa gente (los “enganchadores”), me dan un tiro por andar preguntando por gente. ¡Así son!
“No he acudido ni con la policía ni con el ejército porque a nadie le tengo confianza. Los mismos soldados me pueden detener porque tengo información. Ellos (los soldados y los policías) no van a buscar a mi pariente.
Y si lo encuentran, y lo encuentran vivo, le van a poner una chinga. Además, imagínese que se llegan a enterar los malandros. ¡Me matan! Por eso hago esta denuncia anónimamente.”
Otros campesinos migrantes dicen que siempre se ha sabido que en el Valle de la Trinidad y su poblado principal, hay campesinos que contratan para trabajar en las sierras y ya no vuelven de ellas. Simplemente no se les ha vuelto a ver.
“Jorge”, un sembrador de aproximadamente 55 años, narra:
“Llega bastante gente de fuera del valle pidiendo información de alguno de sus familiares que aquí desaparecieron. Me han tocado señoras llorosas y tristes, preguntando razón de sus hijos. Les pregunta uno por qué los buscan y te contestan: ‘Es que se fue a trabajar con unos mañosos y ya no bajó’ (de la sierra de Juárez o la de San Pedro Mártir). Le hablo de muchos casos de gente desaparecida.
“Nos han dicho algunos de los jóvenes que regresan que con tal de no pagar, los malandros matan a los muchachos”.
La versión de otro campesino:
“Juan”, de aproximadamente 45 años, tiene trabajando en el Valle de La Trinidad desde hace ocho años y siempre ha encontrado el problema de los “enganchadores”, pero, afirma, “ahora está más grave”.
“El caso es que muchos jornaleros jóvenes, por el afán del dinero, caen fácilmente en una cosa de ésas. Muchos vienen año con año y como es un pueblo muy chico, el patrón se da una vuelta por las calles y los cuartos, fácilmente los ubica y los enganchan”.
De preferencia, agrega, contratan a hombres de entre 18 y 30 años que preferentemente no tengan familia ni conocidos, que estén lejos de sus casas, que tengan avidez por el dinero o por hacer fortuna rápido.
Nervioso por su relato, informa: “Hace poco encontraron a un muchacho acribillado. Traía como 40 kilos de marihuana en su carro y lo encontraron muerto. Esto por allá en Kiliwas”.
“Mario”, otro de los campesinos que ha rechazado múltiples invitaciones para “ir de jale” a las sierras, comenta cuando ZETA le pregunta si lo mismo ocurre en el Valle de Ojos Negros, distante unos 60 kilómetros del de la Trinidad:
“Algunos amigos dicen que sí, pero no es igual a como se da en este valle (de la Trinidad). Lo que sí sabemos es que a los muchachos que contratan aquí se los llevan a trabajar a la Sierra de Juárez. Parece que ahí también (los narcotraficantes) se camuflan como agricultores. Dizque los llevan a sus ranchos, pero en realidad se los llevan al monte para sembrar, cosechar o cuidar los sembradíos de marihuana”.
Y justifica: “Lo que pasa es que los muchachos están en el alucine del dinero, o es gente que usa eso” (se droga).
“Pedro”, un trabajador de parcelas que cada año viene desde su natal Oaxaca, a Baja California a las cosechas de tomate, cebolla, sandía y chile; indica que en el valle agrícola ensenadense hay como 10 ó 12 enganchadores de campesinos tan solo en el poblado de La Trinidad.
“No sabemos si hay más en otras partes de la delegación (municipal del mismo nombre)”, dice.
Agrega: “Año con año vemos a los mismos mañosos trabajando sin que nadie les diga nada. Han caído dos o tres, pero se apoyan unos a otros y al rato salen” (de la cárcel).
Otro grupo de migrantes estima que semanalmente los “enganchadores” contratan, cada uno de ellos, a 30 jornaleros para trabajos de preparación de tierra, siembra, cosecha y cuidado de los llamados “cuadros” (parcelas) de marihuana.
Esto durante todo el año, ya que la marihuana se cosecha los 365 días al estar bajo riego en las cañadas y laderas de las sierras.
“También aquí contratan a los ‘burreros’ (transportadores a pie de bloques de marihuana) y el número de éstos depende de la producción. Les pagan lo mismo (500 pesos al día) por hacer el movimiento”, explica “Gerardo”, un campesino del estado de Guerrero.
De acuerdo con este informante, que dice conocer la versión porque así se la cuentan los muchachos que han ido a trabajar en las sierras, cada uno de los “burreros” transporta en sus espaldas dos sacos. Cada uno de 15 kilos de peso en ladrillos de marihuana.
“Aguantan porque son jóvenes; de otra forma no soportarían esas chingas.
Uno (de los sacos) lo lleva en la espalda y el otro atravesado en los hombros y el cuello. Bajan como hormigas por diversos senderos hasta llegar cerca de la carretera (Ojos Negros-Valle de la Trinidad) y ahí ya los esperan en camionetas, que transportan las bolsas con los ladrillos a Tijuana por brechas que bajan a Guadalupe y hasta El Sauzal, evitando el retén de Ojos Negros”.
También en el Valle de La Trinidad se contrata a la gente que cuida los “cuadros”. A ellos además se les entregan las armas para que protejan el lugar, junto con los demás trabajadores.
Así, solos, sin tener ningún tipo de contacto con el o los verdaderos dueños del sembradío, toda esa gente que trabaja en las sierras no pueden aportar mayores datos a soldados, policías o agentes del Ministerio Público en caso de ser detenidos.
Interrogados sobre el lugar donde se hacen los “ladrillos” del narcótico, comentaron que existen ranchos grandes al pie de la Sierra de San Pedro Mártir que aparentemente se dedican a eso, y que cada uno de ellos tiene su área de trabajo, que los demás respetan.
ZETA preguntó a los campesinos migrantes si ellos o los jóvenes que van a las serranías, conocen a quién pertenecen los plantíos. Contestaron:
“Lo que nosotros sabemos es que esta gente trabaja para el cártel de los Carrillo Fuentes, pero también dicen que hay gente del cártel de Sinaloa. La verdad es que no sabemos de quién es tanta marihuana”.
La planta, indican los entrevistados, se trabaja todo el año, pues lo mismo aguanta temporadas de intenso calor como de frío, “habiendo agua, nitrógeno y fertilizante, así como mano de obra, no hay problema”, cuenta “Israel”, un triki que ya radica permanentemente en San Quintín, pero que viaja al valle de la Trinidad a la pizca de cebolla en septiembre y octubre.
Él es quien proporciona datos acerca de la rutina que llevan los jóvenes en la sierra.
“En los campos se obliga a los trabajadores a eliminar cualquier cosa que brille. Duermen en las ramas o en una choza, camuflada. Se les pide (a los jornaleros) que no utilicen ropa de color blanco; está estrictamente prohibida, así como que no usen colores rojos, fuertes o encendidos. No fogatas. Si acaso brasas para cocinar en un comal o una pequeña estufa, que no se note. La comida que les llevan es para que ellos se la hagan: algo de tortillas, arroz, frijoles, café”.
Revela que en cada “cuadro”, que puede ser desde tres hasta 25 hectáreas o más, hay 10 ó 12 jornaleros trabajando exclusivamente en la cosecha.
Trabajan de seis a 10 días, dependiendo de lo grande del predio.
“Hay jornaleros –indica– que trabajan cuatro o más cuadros. Entonces se llevan días en la sierra. Se van trabajando uno tras otro, pero entonces se puede presentar el caso de que el dueño de los cuadros les deba mucho a los jornaleros y por eso ordena matarlos, para no pagarles.
“También se necesita mano de obra para preparar las zonas de siembra. No hay que olvidar que se trata de terreno bravo. Nunca se va a ver una siembra en lo plano. Siempre cañadas y de difícil acceso.
“Generalmente los que preparan la tierra son los mismos que la siembran y la cuidan; también hace parte de la cosecha, pero ahí es cuando más jornaleros de fuera se contratan. Así, puede haber gente que se quede en la sierra hasta cinco o seis meses”, refirió.
De acuerdo con su versión, ordinariamente para una hectárea se requieren tres personas para que siembren y cultiven.
“Ese campo va a dar cuatro cosechas en el año y cuando se vende la hectárea, que desde el momento en que se siembra ya está vendida, la mitad de la venta va a ser para el patrón y la otra mitad se va a repartir en tres partes. Así es como trabajan”.
Otros jornaleros dijeron desconocer cuánto es la producción de marihuana por hectárea, pero sí saben en cuánto se vende.
“El kilo de marihuana lo venden a mil dólares, puesto en Tijuana. Si hay una producción de, supongamos, 500 kilos, nada más vea la ganancia. Y si es de primera calidad, que sí la hay en las sierras, el kilo se cobra a mil 500 dólares, puesta en Tijuana”.
Con todo este dinero en circulación, trabajadores y rancheros que viven de la marihuana no tardan en hacerse visibles para el resto de la comunidad del valle.
“Algunos de los rancheros sí son muy lucidos (ostentosos), otros apenas traen carritos, pero la mayoría sí son muy lucidos. Lo que sí pasa con todos es que están camuflados: Se disfrazan en el valle sembrando cebolla, repollo, chile o tomate, pero en la sierra tienen su marihuana”, describe “Manuel”, jornalero de aproximadamente 40 años procedente de Tlaxcala.
Otra cosa son los jóvenes con dinero.
Cuentan los campesinos que cuando aquellos bajan de la sierra “se desparraman por todos lados. Unos se van para otra parte del estado, otros para su tierra. La mayoría viene con bastante lana. Imagínese, ¡500 pesos diarios! Aquí (Valle de la Trinidad), ¿quién les gana? A nosotros nos dan de dos a dos y medio salarios mínimos, si bien nos va”.
Agregan finalmente: “Algunos se gastan su dinero tomando en El Aguajito o en la cantina (de la calle principal del pueblo). Ahí se juntan y platican sus aventuras. También en Los Pinos. No tienen un lugar en especial para llegar, ¡pero si viera qué bonito gastan!”.