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08 noviembre, 2010

Narcotúnel: Pasan 20 toneladas cada tres días

Autoridades concluyen que pertenecía
al cártel de Sinaloa
Rosario Mosso Castro  Zeta Tijuana 

El ilegal pasadizo localizado en México por elementos de la II Zona Militar bajo el mando del General Alfonso Duarte Mújica, contenía toneladas de droga que por las características de calidad  y de los envoltorios, concluyen no era propiedad del CAF. El túnel estaba equipado pero no hicieron grandes inversiones en su construcción, les servía para cruzar entre 40 y 50 toneladas por semana.

Reportes extraoficiales que revisan las áreas de inteligencia de las corporaciones policíacas, de justicia y militares de Baja California, dirigen la indagatoria sobre la propiedad del narcotúnel localizado el martes 2 de noviembre en Tijuana, hacia los sinaloenses.
Dos indicios los llevan en esa dirección: envoltura y la calidad de la droga.
De hecho, los comparativos de la mercancía ilícita,  les han permitido determinar que las características del producto decomisado entre el 29 de octubre y el miércoles 3 de noviembre, tiene similitudes a las 134 toneladas incautadas al cártel de Sinaloa el 18 de octubre.
A estas alturas, informaron, sólo las 3.2 toneladas confiscadas por la Policía Estatal Preventiva en el fraccionamiento Buenos Aires el sábado 30 de octubre, estaban asignadas a un grupo del CAF.
Por el movimiento de tierra y las condiciones del túnel, las autoridades estiman que éste tenía poco tiempo operando, menos de dos meses. Incluso del lado mexicano, todavía sobre la entrada externa del túnel, tenían instalada una grúa eléctrica para sacar tierra con un bote.
Habían tardado cuatro días en cruzar las 20 toneladas de hierba que localizaron del lado americano, y en base a esa información relacionada con el tiempo de funcionamiento, concluyen que en mes y medio pudieron traficar entre 200 y 300 toneladas del enervante, que colocado en Estado Unidos representa ventas ilegales por 200 ó 300 millones de dólares para los cárteles.
El pasadizo inicia en un bodegón localizado en la Colonia Nueva Tijuana de la Delegación Mesa de Otay, lo cavaron en línea recta hasta el lado americano, pasaron por debajo de la fábrica Pionner, cruzaron la franja divisoria hasta un edificio ubicado en vía de la Amistad 9948 en California.
Del lado mexicano, oficialmente informaron que el corredor mide 584.64 metros de largo. Los norteamericanos hablaron de 200 metros. En Tijuana, la construcción está bardeada y tiene dos puertas grandes que dan acceso a un amplio estacionamiento que fácilmente permite estacionar hasta tres camiones. Visto de frente, a mano derecha está la construcción principal, una bodega con una puerta a la mitad del edificio.  
Al ingresar el ambiente es asfixiante, se respira polvo, humedad y suciedad, el aire apenas corre, el cuarto está prácticamente lleno de tierra, sólo dejaron espacio para poder entrar y salir hacia el corredor subterráneo.
El primer piso mide alrededor de 11 metros de largo por cuatro metros de altura en la parte frontal y ocho metros de altura en la parte trasera. Todo el material pétreo que fue sacado del túnel invade el 70 por ciento de la construcción.
Iniciaron la excavación en la esquina localizada en el noroeste del edificio, pegado a la calle. Del piso hacia el fondo escarbaron una superficie de dos metros cuadrados, con aproximadamente cuatro metros de profundidad. De nuevo, en el extremo noroeste de ese hoyo, empezaron el túnel rumbo a Estados Unidos. El pasillo rústico  mide aproximadamente un metro de ancho por 1.20 metros de alto, tiene soportes de madera, un sistema de iluminación con cables colgantes y focos ahorradores en diversos tramos del trayecto. Para suministrar aire, instalaron tubos negros perforados y en el terreno se encontraron descompuestos, dos aparatos para suministrar ventilación a través de esos conductos.
Como mecanismo de transporte de droga construyeron un riel, una carretilla con motor y capacidad  para cargar 12 y hasta 18 bloques de marihuana, cada uno de entre 11 y 12 kilos. Y para bajar a ese punto el enervante, usaban una madera sobre la que dejaban resbalar los paquetes embarrados de una sustancia aceitosa.
Dentro del túnel, del boquete de acceso y en los pocos espacios libres de tierra al interior de ese plano del almacén, se encontraron algunos paquetes como muestra de que estaban pasando la droga cuando se dieron cuenta que sus receptores del lado americano habían sido descubiertos.
Antes de irse tuvieron tiempo de desconectar los sistemas de  luz y el aire  del paso clandestino. Ni siquiera tuvieron que salir por enfrente porque el predio tiene un patio trasero que da acceso libre a otro inmueble en la calle posterior.
La misma tierra amontonada y la droga, servía de escalera para un segundo piso hechizo, que ocupa sólo la mitad superior frontal del bodegón, pegado a la calle. Sobre las vigas de lo que debía ser el techo del primer piso colocaron unos cuadros de triplay grueso, quedó un espacio de tres metros de alto y cinco o seis en cada extremo.
Una cuarta parte de esa área la usaban como bodega para acumular bloques de mariguana. El resto servía como dormitorio, había ocho colchones tirados en el suelo, unos amontonados, o revueltos entre ropa, guaraches y zapatos sucios, que se confundían con envolturas viejas de comida chatarra.
Colgando de las paredes cachuchas y más camisas, la ventana que daba a la calle la cubrieron con una cobija.
En el centro sobre un bote de pintura vacío  de cinco litros,  tenían un pequeño televisor, a un lado dos frascos de medicamento, uno para las inflamaciones; en el resto del edificio se localizaron medicinas para la tos y el dolor de cabeza.
Todavía en el segundo piso, en el extremo que da al estacionamiento, en medio de dos colchones colocaron una silla de plástico, encima los militares encontraron dos veladoras, todavía encendidas a San Judas Tadeo, el patrón de las causas perdidas, y tirados alrededor, otros 15 vasos de vela vacíos. 
Tenían un baño con inodoro en el extremo noreste de la bodega, los montículos de tierra y bolsas conteniéndola hacían un pasillo que llevaba a una puerta trasera que daba acceso a dos cuartos, uno construido atrás del almacén y otro atrás del estacionamiento.
Pero con un pasillo de por medio que del lado derecho da acceso a un patio trasero conectado con el terreno  de atrás. Ahí había otro baño completo y dejaron rastros como pruebas de que tenían un perro que también se llevaron al huir.
La entrada a las habitaciones posteriores era una cocina  equipada con refrigerador y cuatro mesas, una con la estufa eléctrica, la segunda con las cazuelas y piezas de una vajilla lavadas y en la tercera cocinaban.
 Había mucha basura en el piso y una caja de cervezas Sol vacía, dentro del refrigerador, mantequilla, chorizo, huevos, papas, cebollas y kilos de tortillas.
Y recargado sobre la pared un enorme costal de comida para perro.
En el costado izquierdo se localizó otra habitación con baño completo. Ahí sólo tenían un colchón, también tirado en el suelo, el escenario de suciedad fue similar al anterior, ropa, trapos y cobijas revueltas.
Además, en este espacio había un porta-bebé, muñecos de peluche y juguetes de niño, fachada familiar que los traficantes han dado en usar para evadir a la autoridad y reducir las sospechas de los vecinos, porque las que entran y salen por suministros, son las mujeres.
Sin embargo dadas las cantidades de droga, es evidente que la llegada del enervante al inmueble sí fue ignorada intencionalmente por los vecinos.
Quienes continúan sin ser interrogados.