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04 enero, 2011

Peligrosas revelaciones de un "espía gringo"

Alberto Ponce de León
El Diario de El Paso
Encubiertas en oficios como chofer de rutera, pepenador de basura, vendedor ambulante, predicador o consejero cristiano, comerciante de joyas y hasta como lector del tarot, seis personas operan en Ciudad Juárez como espías de la DEA para conseguir información sobre el crimen organizado.

“Sonia” decidió revelar lo que pocos conocen del mundo del narcotráfico: detalles secretos sobre el espionaje de esta agencia estadounidense en los laberintos de la delincuencia organizada de Ciudad Juárez.
En una conversación con este medio, aseguró ser uno de los numerosos espías del Gobierno de Estados Unidos en el exterior, que opera bajo el seudónimo de “Sonia”, aun cuando es del sexo masculino.

Para nutrir de información “clasificada” a sus superiores en Washington, afirmó, ha grabado cientos de llamadas telefónicas en Juárez haciéndose pasar por alguno de los oficios mencionados.

Todos los que se dedican a espiar en el país, explicó, se reportan a una central de inteligencia ubicada en la Ciudad de México, que a su vez se encuentra relacionada con la DEA, sin que el Gobierno mexicano descubra su manera de operar.

Un la actualidad, afirmó, de los seis elementos de su grupo que trabajan en Juárez, no se conocen entre ellos. Y al menos otros dos de los asignados para esta frontera, ya fueron torturados y asesinados.

“Si somos descubiertos, somos ejecutados; por eso utilizo un seudónimo de mujer. En Juárez han muerto dos, que al igual que yo hacían esto. Les arrancan la cabeza, les cortan la cabeza”, añadió.

“Hay una clave que maneja el gobierno para los que trabajamos en el terreno pero no puedo decirla porque ya sería mucho, y haga de cuenta que nos pagan como si fuéramos informantes, y a nuestra familia se les protege”, agregó.

“Sonia”, quien dijo haber sido torturado en Nicaragua por motivos de su labor, aseguró que para llegar al nivel en el que se encuentra, es necesario pasar varias pruebas, tanto teóricas como de campo.

“Uno debe estudiar mucho, porque se hace uno pasar por predicador en el Cereso, vendedor ambulante, abogado”, afirmó. “A los narcotraficantes les fascina que les leas las cartas. Puedes ir a su casa a leerles el tarot. También a sus esposas, o como vendedor de joyas. Es increíble lo que comentan cuando creen que están frente a un pobre pendejo”.

La convivencia entre el espía y los investigados es de suma importancia, afirmó.

“Nosotros somos predicadores, pepenadores. Te vas a los barrios y como cristianos les construimos una casa. Pero convivimos con ellos por días y sin hacerles alguna pregunta”, dijo.

“Hay que pasar por muchos niveles de prueba. De ser capaz, pero sobre todo de ser un fanático, un loco. Y para perseguirlos debemos ser igual que ellos. Yo he practicado la tortura y la he sufrido”, aseguró.

El espía afirmó que actualmente las llamadas telefónicas de mayor interés para el Gobierno estadounidense son las generadas en la Colonia Altavista y en el Cereso (Centro de Readaptación Social) de Ciudad Juárez. En esos dos puntos, dijo, es donde hay mayor actividad de droga ilegal.

Para este tipo de espionaje, mencionó, se abandona un vehículo en un estacionamiento público o en una calle cualquiera aparentando estar descompuesto.

“Yo vengo con mi equipo y dejamos un vehículo ponchado, supuestamente. O un equipo en un camión estacionado, supuestamente descompuesto”, explicó. “En Juárez no hay control de los medios de transporte; yo he manejado dos ruteras. Le pones la 5-A plus, como ejemplo, y luego la dejamos por semanas o meses en un estacionamiento público”.

Dijo que algunos de los ruteros de Ciudad Juárez forman parte de las redes del narcomenudeo, condición que les permite a los espías de EU trabajar con mayor libertad.

“La podemos dejar en plena calle y nadie va a decir nada. Por eso los matan seguido porque están controlados por la mafia. Tiran cadáveres, transportan droga. No comentan nada; es una regla de ellos, y nosotros lo aprovechamos”, agregó.

Mencionó que las labores de “inteligencia” están dentro y fuera del edificio de la prisión de Ciudad Juárez. Durante las horas de visita conyugal, comentó, estaciona frente al lugar su vehículo una de las mujeres visitantes en donde se encuentra instalado un equipo de grabación.

“Esa mujer casi siempre deja el vehículo de un día para otro”, afirmó. “Escuchamos llamadas incluso de los funcionarios. De ahí nos damos cuenta cómo funciona toda la corrupción en México”.

Dentro del Cereso, dijo, existen informantes clave que trabajan para ellos a cambio de recibir trato preferencial. Algunos de los internos lo hacen hasta para que se les permita recibir visita y dinero de sus familiares de Estados Unidos.

Aseguró que los grupos del crimen organizado que por un lado lidera Joaquín “El Chapo” Guzmán, y por el otro, “La Línea” de los Carrillo Fuentes, se han enfrentado durante los años recientes a fin de apoderarse de “la plaza”. Y que la guerra del gobierno mexicano en contra de estas organizaciones es “una mentira”.

El espía dijo que en varias ocasiones se le ha hecho llegar al gobierno de México información detallada sobre el lugar exacto de cabecillas de uno u otro grupo que se pelean el control de esta zona fronteriza, pero que en ningún momento se ha actuado.

“El argumento para no atraparlo fue que no había orden de arresto”, mencionó en relación con un caso donde presuntamente “el JL, el terror de ‘La Línea’, sufrió un accidente con un cherokee blindado contra una rutera”.

“Sonia” aseguró que en otra ocasión, soldados del Ejército Mexicano detuvieron un tráiler con más de 300 kilogramos de cocaína, pero que lo dejaron ir porque se trataba de un operador de “El Chapo” en Juárez.

Unas de las fuentes de información son las prisiones estadounidenses, debido a que todas se graban y en muchas ocasiones se entrelazan con los teléfonos de México.

Sobre el caso del automóvil que explotó en la zona centro de Ciudad Juárez, “Sonia” afirmó que “la orden no la dio la persona que detuvieron”.

“Lo hizo ‘La Línea’ para atacar a los federales. Y lo que más coraje les da, porque yo he intervenido las llamadas, es que (los federales) llegan quitándoles las pertenencias. Y después de una burla que hicieron de un moribundo fue que se detonó el coche bomba”.

Los equipos de grabación son totalmente convencionales, explicó. Tienen un diámetro de unos 20 centímetros y su calidad varía, de acuerdo con el material del que están hechos.

“Hay calidad de mil dólares en los más sofisticados, pero uno sencillo es de equipo desecho. Hay por ejemplo equipos Motorola que son para intervenir patrullas, para escuchar las frecuencias”, agregó.

Afirmó que tanto en México como en el resto de Latinoamérica se practica el espionaje y que el tipo de aparatos y dispositivos no es tan distinto al de Estados Unidos. “El casete o disco es pequeño. Un técnico que se anuncie para reparación sabe cómo funcionan; incluso los han matado. Porque van y hacen una conexión y resulta que les cae la ley y ellos creen que pudo ser el técnico”, dijo.

Agentes y ex agentes de la central de inteligencia de la DEA en El Paso y Nuevo México coincidieron en que la historia de “Sonia” es creíble.

“De aquel lado se pueden hacer cosas que no pueden hacerse de éste”, dijo una de las fuentes consultadas. “Es creíble todo lo que dice, pero lo que es increíble es que te lo haya dicho. Tiene mucho peligro al decirlo”.